Todo lo que rodea a la figura de Gonjasufi es casi tan difuso como su música. Nacido como Sumach Ecks, instructor de yoga de profesión, budista de religión y con un dejado look donde destacan una pobladísima barba y unas rastas que no parecen especialmente cuidadas, cuesta creer que se haya hecho paso hasta Warp Records, uno de los sellos más importantes de la actualidad donde comparte roster con artistas de la talla de Grizzly Bear, Boards of Canada, Battles y Flying Lotus, con quien ya colaboró en Los Angeles (2008, Warp Records) poniendo voz a Testament . Desde ese 2008, en su haber cuenta con un debút en larga duración, un disco de remixes del mismo y un mini-LP con los que ha sorprendido a propios y extraños con su peculiar manera de entender la música. Y es que Gonjasufi es de esos artistas que provocan sensaciones visceralmente opuestas entre los oyentes: desde el amor incondicional al odio irracional sin pasar por el punto medio de la indiferencia. En esta entrada trataré de explicar el porqué de mi amor hacia su debut: A Sufi and a Killer (2010, Warp Records).
Indago en lo difuso de su música debido a que encasillar el sonido de A Sufi and a Killer en un solo género es casi misión imposible. Durante los casi 59 minutos de duración divididos en 19 temas, encontramos infinidad de estilos y géneros distintos en los que lo único que se repite son la particular voz de Gonjasufi junto al marcado caracter psicodélico y la baja fidelidad del sonido, que no confundir con baja calidad. Aquí todo suena sucio y borroso, tanto la distorsión del apartado vocal como la excelente selección de sampleos, que raya a un nivel excepcional a pesar de lo estrambótica y variopinta que a priori pueda aparentar. Si a alguien hay que agradecer este sonido tan personal es a The Gaslamp Killer y Mainframe, quienes se encargan prácticamente de toda la producción del LP.
Estilísticamente como ya he comentado, encontramos casi de todo, Gonjasufi no parece hacerle ascos a nada y se mueve como pez en el agua variando estilos, eso sí, manteniendo siempre su peculiar personalidad. Su carismática presencia impregna cada segundo del álbum induciendo al oyente a una especie de trance en el que el artista juega con nuestros sentidos, haciendo suyos, a su manera, los diferentes estilos que maneja. Desde el Abstract Hip-Hop presente en la maravillosa Ancestors (producida por el siempre grande FlyLo en el que le devuelve el favor en forma de colaboración) al Soul mojabragas de Candylane, donde esa linea de bajo heredada del P-Funk consigue que Ecks humedezca genitales allá donde suene. Por haber, incluso hay temas más rockeros como She Gone, en el que parece homenajear con sus berridos a Captain Beefheart y SuzieQ donde se acerca a terrenos colindantes con el Stoner. No acaba ahí la cosa, ya que alguien como Gonjasufi sabe que puede ir mas allá y nos regala pequeñas joyas muy frikis como Klowds, que se erige como la canción ideal para comer un kebab bajo el efecto de estupefacientes, en cambio I've Given sorprende con su aire 8bits y por último, destacar la joya de la corona, el summún de lo bizarre: Kowboyz&Indians, un inefable tema con sampleo a Las Grecas incluido donde nuestro budista preferido se desata totalmente y literalmente lo da todo.
No obstante y a pesar de lo heterogeneo del asunto, todo se desarrolla muy fluido y cuando menos te lo esperas, te encuentras encarando los minutos de silencios de Made previos al easter egg con el que se da por acabada este pequeño tour al interior de la alucinada mente de Gonjasufi. Un álbum extraño a la par que estimulante (si consigues entrar en su lisérgico universo sonoro) que servirá de base sobre la que cimentar el resto de su discografía, la cual tres años después no ha vuelto a alcanzar el nivel de brillantez que encontramos en este trabajo, pero siempre que le preguntan a Sumach responde con que lo mejor está por llegar, yo confío en él.
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