Recapitulemos, en 2004 Arcade Fire lo petaron muy fuerte con esa obra maestra llamada Funeral y de golpe y porrazo pasaron de ser unos canadienses semidesconocidos a uno de los mayores exponentes de la música indie a lo largo y ancho del planeta, que se dice pronto. Aunque a priori alcanzar semejante éxito pueda sonar atractivo, la suya fue una situación muy delicada. Si bien como enfocar tu segundo disco es siempre un asunto complicado, si con tu primer trabajo te convertiste en el rey del mambo y tienes a medio mundo ansioso por saber que harás, la decisión se vuelve algo más dura. Por un lado podrían haber tirado por el camino fácil y hacer un Funeral 2.0 (a lo The Strokes con su Room on Fire) rezando para que no les llamaran de cobardes para arriba y tildaran el disco de álbum de descartes como a los neoyorquinos. Tomar el camino totalmente opuesto y sacar un disco que entre poco y nada se pareciese a su debut (algo así como Cynic con el Traced in Air pero sin esperar 15 años) y rezar para que sus fans más acérrimos no se les echasen encima. O bien podrían haber respetado su sonido pero añadiendo ciertos matices que enriquezcan el conjunto (como Arcade Fire con Neon Bible) y crear cierto revuelo con la dirección que han tomado. Así pues, tres años después (algo que parece haberse convertido en dogma para el grupo) vio la luz su segundo trabajo.
La principal diferencia que encontramos en Neon Bible es que el sonido es más oscuro (el bajo cobrará más protagonismo) y las letras son más pesimistas. Sin ir más lejos, la primera reacción al darle al play y escuchar la alicaída Black Mirror es pensar que nos han cambiado a estos canadienses por sus primos emos. Aunque también es cierto que en sus letras siempre ha habido cierto rechazo hacia la vida adulta ensalzando la infancia y la adolescencia (como si se tratasen de la versión musical de James Matthew Barrie) en este disco llevan el abatimiento a un nivel superior. Pero no temas, si la primera canción te ha asustado, ahí está Keep the Car Running, pelotazo indiscutible (con uno de característicos arreones épicos incluido) que nos trae de vuelta a los Arcade Fire de Funeral. Con Intervention nos sorprenden para bien con ese poderoso órgano que domina el tema, erigiéndose como uno de los grandes temas de este disco. El uso del órgano no es gratuito, ya que la mayor parte del LP está grabado en una pequeña iglesia de Québec que la banda compró y restauró para usarla de "estudio". Una de las muchas virtudes de Neon Bible es que durante sus 47 minutos mantiene una tensión y un nivel encomiables y temas como Ocean of Noise y Bad Waves / Bad Vibrations que de primeras pueden parecer flojos ganan muchísimo con las escuchas. En la parte final del disco nos encontramos con No Cars Go, tema que rescataron del olvido (o de su EP del 2003 que viene siendo casi lo mismo) y al que aún dándole una ligera capa de pintura y un barniz algo más oscuro (ese bajo bien molón) para que no desentonase con el resto, sigue sonando igual de bien (ese maravilloso acordeón sigue ahí) y demuestra que a este gente se le caen los temazos de los bolsillos. Para finiquitar el disco le toca el turno a My Body is a Cage, que recupera las sensaciones de Black Mirror sonando con la misma desilusión pero con el órgano y los coros dándole un toque épico que le sienta de lujo.
A pesar de las críticas negativas hacia Neon Bible, hay algo en él que me atrapa totalmente. No sé si es su aire oscuro o el toque tétrico y grandilocuente que aporta haberlo grabado en una iglesia pero en mi opinión, se trata de su mejor trabajo por el momento. Manteniendo siempre el listón muy alto, sin temas malos y muchos muy buenos (Intervention, Keep the Car Running, Ocean of Noise y No Cars Go) Arcade Fire demostró que lo de Funeral no fue flor de un día y que son por derecho propio una de las mejores bandas actuales.
Neon Bible en Spotify
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