13.12.13

Mi TOP 50 de 2013 (II)

Segunda entrega del repaso a los 50 discos que más he disfrutado en este año. En esta ocasión llegaremos casi al ecuador de la lista. En estos 12 trabajos que desgranaré a continuación abunda la música progresiva pero también habrá lugar para la experimentación electrónica de vanguardia y para la música de baile que hará que ejercites cada fibra muscular de tu cuerpo. Sin más dilación comenzamos:

37. Foxygen - We are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic. Dos álbumes en menos de seis meses completan la discografía de Foxygen. Los neoyorquinos no solo recuperan el ritmo de publicación que se llevaba en la década de los sesenta, sino que su música hace las veces de máquina del tiempo transportándonos al momento de mayor aúge del flower power. Aún siendo más reposado que su début en, We are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic (Jagjaguwar, 2013) continuan demostrando con su deliciosa psicodelia pop que son los alumnos aventajados de las lecciones que la Velvet Underground impartieron en el disco del platano.



36. Blood Orange - Cupid Deluxe. Los ochenta han vuelto o eso debe pensar Dev Hynes que con su segundo trabajo se ha ganado la atención que se le privó a su debut. Pero mucho ha pasado desde el 2011 para el británico que entre medias ha producido a gente como la hermanísima Solange Knowles. Puede que eso le sirviese como empujón publicitario sin embargo todos los elogios que ha cosechado Cupid Deluxe (Domino, 2013) son merecidos gracias a su primoroso funk que nos retrotrae 30 años en el tiempo y en gran parte también a unas colaboraciones de lujo en las que destacan Clams Casino Dave Longstreth de Dirty Projectors. La única pega es que la correctísima segunda mitad del disco no llegan al irreal nivel de calidad de la primera parte, pero de haberlo hecho sería uno de los trabajos mega imprescindibles de la década.


35. Guadalupe Plata - Guadalupe Plata 2013. Con Guadalupe Plata 2013 (Everlasting, 2013) el trío andaluz vuelve a dejar claras dos cosas: en primer lugar su nula creatividad a la hora de catalogar sus trabajos (todos se titulan Guadalupe Plata) y que a su incendiario blues de deje punkarra aún le queda bastante camino que recorrer. El whiskey sigue empapando las cuerdas de unas guitarras que junto a las chispas de sus riffs encienden la llama de sus trece temas que al contrario que lo visto en su portada brillan con luz propia. 



34. Russian Circles - Memorial. Pese a que la etiqueta más obvia al escuchar a los chicagüenses es la del Post Metal, en su particular receta siempre ha habido una importante cantidad de delicadeza post rockera que hacía que los momentos más pesados sonasen más duros. No es hasta la incorporación de Brian Cook, ex de los seminales Botch, en los que el trío abraza el espiritu más abrasivo y tenebroso del género. En Memorial (Sargent House, 2013) continúan triunfantes esa senda cargada de oscuridad y por primera vez en su viaje, acompañados de Chelsea Wolfe que les presta su voz en la melancólica Memorial.


33. The Knife - Shaking the Habitual. Otro de los regresos más esperados de este año era el de los suecos The Knife que a principios de milenio sorprendieron a pripios y extraños con su peculiar interpretación de un Synth Pop emocionalmente puntiagudo. Para su celebrado retorno a la farándula mediática han decidido tirar por lo incómodo (y no lo digo solo por la portada). Es cierto que en Shaking the Habitual (Brille, 2013) seguimos encontrando perlas pop como Full on Fire pero por lo general domina la experimentación electrónica que lo mismo resulta en un interminable coñazo de 20 minutos (Old Dreams Waiting to be Realized) o en maravillas que hacen del tech house el armazón sobre el que edificarse (Stay Out Here). Como si fuese la ruleta rusa nunca sabrás con que te saldrán al darle al play pero no podrás resistirte a no hacerlo.

32. Haken - The Mountain. El camino que separa a las promesas de los referentes puede parecer de primeras exageradamente largo, y más géneros como el progresivo en que los pesos pesados en su mayoría llevan sentados en el trono mínimo una década. Pero ese no es el caso de los ingleses Haken que en tres años y tras sendos lanzamientos han pasado de ser unos Dream Theater wannabe a ser considerados una autoridad con personalidad propia. Siendo The Mountain (InsideOut, 2013) su consagración como nuevos monarcas de lo progresivo gracias a sus estructuras enrevesadas, poderosos riffs y esos arreones que tan deliciosamente beben del avant-garde de Mr. Bungle que conforman temas colosales que como a las obras arquitectónicas más imponentes deberás visitarlas numerosas veces para apreciarlas en su totalidad.

31. DJ Rashad - Double Cup. El footwork está de moda, y como ya pasó a finales del siglo pasado con el techno detroitiano, no tardó mucho en extenderse en Europa como si fuese una gripe cuyos síntomas en vez de infinita mucosa y malestar general fueran beats certeros y un groove febril que se extiende por todo el cuerpo. 30 años vuelve a pasar algo parecido, pero en está ocasión el protagonista es el Footwork chicagüense. Que de la mano de la que posiblemente sea la figura de mayor calado en el subgénero: DJ Rashad invade definitivamente el viejo continente patrocinado por la casa del todopoderoso Burial mostrándonos con Double Cup (Hyperdub, 2013) como firmar un pelotazo usando como principales armas unos beats hiperactivos y unos bajos obesos como morsas.

30. Leprous - Coal. Paralelamente a Haken, los noruegos también han ascendido fulgurantemente dentro de la jerarquía progresiva, pero a diferencia de los hijos de la pérfida Albión, en Leprous la vertiente extrema del metal progresivo siempre ha estado más presente, aunque con los lanzamientos ésta ha ido reduciendo paulatinamente. En Coal (InsideOut, 2013) encontramos los Leprous más progresivos, más centrados en las estructuras. Con un Einar Solberg en estado de gracia (o eso creo porque en cada lanzamiento desintegra los límites que se ponía en el anterior) al mando los noruegos no cesan de sorprendernos con grandiosos temas llenos de detalles en los que perdernos durante horas para descubrir sus secretos.

29. Sigur Rós - Kveikur. Es tarea casi imposible entender la evolución del post rock en el siglo XXI sin tener en cuenta el inmenso peso que han tenido los fineses con su discografía sobre el resto del género. No obstante, su obra puede pecar de irregular con algunos discos soberbios y otros simplemente del montón. Este es el caso de Valtari (Parlophone, 2012) su disco anterior, un trabajo bastante anodino. Puede que para compensar con el bache que éste supuso o por mera evolución en su universo sonoro, lo cierto es que Jónsi y compañía abrazan con firmeza en ciertos momentos de Kveikur (XL, 2013) terrenos cercanos a la contundencia del post metal, aunque eso sí los parajes ambientales cargados de pelos de punta y las melodías de ensueño siguen manejando el cotarro. Puede que fuese coincidencia o no, pero Sigur Rós han abierto una puerta directa a nuevos mundos inexplorados en los que la magia de Kveikur solo fuera una mera introducción.

28. Apparat - Krieg und Frieden (Music for Theatre). En los últimos años parece estar en boga que productores de música electrónica se encarguen de componer la banda sonora de películas como es el caso de Daft Punk, M83, The Chemical Brothers, o Jon Hopkins entre otros. Pero nunca antes había visto el caso de que alguien pusiese música a una obra de teatro hasta que me enteré que Sascha Ring iba a hacer lo propio para la interpretación teatral que la compañia del prestigioso Sebastian Hartmann ha llevado a cabo de la más prestigiosa todavía novela: Guerra y Paz. En Krieg und Frieden (Music for Theatre) (Mute, 2013) escuchamos como por primera vez en su carrera, Apparat hace uso del neoclasicismo para imponer la épica necesaria en una obra de tal calibre, sin abandonar su emociónal visión de la IDM.

27. Steven Wilson - The Raven that Refused to Sing (and other Stories). Hablar de Steven Wilson es hablar de música progresiva con mayúsculas. El británico es sin duda una de las figuras más relevantes e influyentes del género, y una de las que más ha hecho por el mismo. El genio descalzo es vital para entender los últimos 20 años de tanto el rock como el metal progresivo gracias a su incansable trabajo en solitario, en la banda con la que se hizo un titán: Porcupine Tree, en alguno de sus numerosos proyectos alternativos o produciendo a otros gigantes como Anathema u Opeth. En su tercer trabajo en solitario, the Raven that Refused to Sing (and other Stories) (Kscope, 2013) Wilson echa la vista atrás y aunando lo mejor de leyendas como King Crimson o Jethro Tull homenajea con una obra colosal a una de las generaciones músicales más brillantes que se recuerdan.
26. Disclosure - Settle. El dúo músical que más ha dado que hablar en todo el año (con permiso de Daft Punk) ha sido sin duda el conformado por los hermanos Lawrence. Que con su debut en larga duración: el sensacional Settle (Domino, 2013) han puesto patas arriba las pistas de baile a lo largo y ancho del globo terráqueo. Con el Deep House como tarjeta de presentación y un groove de otra galaxia han conseguido que temas como When a Fire Starts to Burn sean la cura definitiva para la petrificación inducida por Medusa la Gorgona, porque ni siquiera las estatuas resisten los ritmos diseñados por los británicos. Si Disclosure hubiesen hecho música en tiempos de Perseo su hazaña tendría la misma dificultad que ir a comprar el pan.

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